La Hazaña (Por Sacha Z.)
Eran las cinco de la tarde y al lado mío estaban los hermanos Suarez y María. Recién íbamos dos días de viaje y el calor y olor a vomito eran insoportables.
Por lo que se sabia, había cuatro muertos y ocho inconscientes. Lo único que me mantenía vivo era la ilusión de llegar y hacer la revolución.
Estábamos charlando a eso de las nueve de la noche cuando María se descompuso. Al principio parecía un simple vomito, como los que venían siendo. Pero luego, mi compañera se fue tornando cada vez más pálida hasta que quedó inconsciente. Estuvimos dos horas para reanimarla. Cuando se despertó, bebió un poco de agua y se empezó a sentir mejor.
Entre tanto, los Suarez parecían brujos. Eran los únicos que se sentían bien, no habían vomitado ni una vez y estaba siempre de buen humor.
Al otro día, yo estaba muy dolorido y con fiebre, al igual que Héctor, un hombre de treinta y tres años que estaba atrás mío. La única diferencia era que el estaba delirando por tener mas de cuarenta grados de temperatura corporal.
Parecía que nunca íbamos a llegar pero Fidel anuncio que sucedería en una hora. La alegría de todos fue tal que todos empezaron a gritar de alegría, con las pocas fuerzas que tenían. Yo estaba feliz, no aguantaba mas sintiéndome así.
Estaba muy contento, no lo podía creer, pero de repente María empezó a tener convulsiones y después de un rato murió. Era mi mejor amiga, y la había cuidado todo el viaje, solo le faltaron diez minutos.
Al fin llegamos, desembarcamos y me atendieron. Estuve cuatros días en la cama, hasta que me curé y todos saben lo que pasó después.
Por lo que se sabia, había cuatro muertos y ocho inconscientes. Lo único que me mantenía vivo era la ilusión de llegar y hacer la revolución.
Estábamos charlando a eso de las nueve de la noche cuando María se descompuso. Al principio parecía un simple vomito, como los que venían siendo. Pero luego, mi compañera se fue tornando cada vez más pálida hasta que quedó inconsciente. Estuvimos dos horas para reanimarla. Cuando se despertó, bebió un poco de agua y se empezó a sentir mejor.
Entre tanto, los Suarez parecían brujos. Eran los únicos que se sentían bien, no habían vomitado ni una vez y estaba siempre de buen humor.
Al otro día, yo estaba muy dolorido y con fiebre, al igual que Héctor, un hombre de treinta y tres años que estaba atrás mío. La única diferencia era que el estaba delirando por tener mas de cuarenta grados de temperatura corporal.
Parecía que nunca íbamos a llegar pero Fidel anuncio que sucedería en una hora. La alegría de todos fue tal que todos empezaron a gritar de alegría, con las pocas fuerzas que tenían. Yo estaba feliz, no aguantaba mas sintiéndome así.
Estaba muy contento, no lo podía creer, pero de repente María empezó a tener convulsiones y después de un rato murió. Era mi mejor amiga, y la había cuidado todo el viaje, solo le faltaron diez minutos.
Al fin llegamos, desembarcamos y me atendieron. Estuve cuatros días en la cama, hasta que me curé y todos saben lo que pasó después.

1 Comments:
Sacha:
Tu cuento, si bien no alcanza la extensión indicada, está muy bien. Especialmente por los contrastes: los hermanos saludables en un grupo de enfermos, la caída y recuperación de la mujer, el bienestar inicial y posterior enfermedad del narrador y la seguidilla recuperación-muerte de la mujer más llegada-recuperación del narrador.
Se leen sin dificultad los pocos datos históricos.
Corregí la tildación.
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